La importancia de chupar sangre
Dicen que los vampiros están de moda y yo pregunto ¿Cuándo no lo han estado? ¿Cuándo en los últimos dos mil años los chupasangre han estado fuera del reflector? Jamás. Siempre ha habido mitos, leyendas, novelas, películas, en fin. El vampiro ha hincado sus colmillos en todas y cada una de las expresiones culturales dela humanidad. El vampiro siempre ha estado junto a nosotros, porque en realidad está dentro de nosotros. Por más Van Helsings o Buffys que surjan nunca nos podremos librar de él.
Es, creo, por esta ubicuidad que al finalizar ésta priméra década del tercer milenio los colmilludos empezaron a hacerse comunes. Ocurrió con los tatuajes, por ejemplo. Durante casi toda la historia de la humanidad tener tinta en la piel estaba reservado a un selecto grupo ya fuera de marginados o de iluminados Hoy son casi la norma. Pasó también con el Punk, la misma ropa – o el mismo estilo de ropa – que usaron los Pistols cuando cantaban “Dios salve a la reina, que no es un ser humano y aquí no hay futuro e Inglaterra solo sueña” es la misma que usa Avril Lavigne para cantar “hey, tu, no me gusta tu novia, necesitas una nueva, podría ser yo”.
Esto, por si mismo, no es un problema, por cada Sum 41 hay dos Dead Kennedys. Además, siendo perfectamente honestos, la absorción del nosferatu no es un fenómeno nuevo ¿Cuántas amas de casa leyeron “Entrevista con el vampiro” mientras esperaban que los niños terminara de juga fútbol? El problema de ésta etapa de la absorción es que el vampiro otrora símbolo de nuestra naturaleza predadora, feral y sobretodo, sexual es hoy un niño bonito, casto y francamente pendejo.
Lo confieso frente a ustedes: He leído toda la saga de Crepúsculo, de cabo a rabo y ¿saben? Además de ser aburrida, tedios, mal escrita y larga como cuaresma es peligrosa. Piénsenlo bien: Edward Cullen es un vampiro de ciento siete años de edad, tiene fuerza sobrehumana, vuela, se transforma, vive de la sangre de los mortales y ¿que hace para pasar el rato? Se inscribe a una puta preparatoria gringa, donde conoce a una insípida niña llamada Bella (la cual, dicho se de paso es el personaje más plano que he leído en mi vida, la ama de casa mormona que escribió el libro pasa páginas enteras describiendo el hercúleo cuerpo de Edward, sus ojos, su guapura, SU PILNCHE OLOR, pero Bella es completamente anodina, cualquier puberta de cualquier pate del mundo se siente identificada, porque solo tiene que llenar los espacios en blanco que son legión) ahora bien, Edward conoce a esta niña y EN LUGAR DE COGERSELA O COMÉRSELA decide ser su novio de manita sudada. “hay que espera” le dice “no quiero lastimarte” “no te quiero quitar tu pureza”
En resumen, Edward es un pinche Jonas Brother con colmillos. Antiséptico, higiénico castrado. Robado de esa esencia morbosa del no-muerto. Vamos, que un cadáver tiene más presencia putrefactamente cool que este niño. Bella es una puberta y ya. Una puberta que quiere lo mismo que todos los adolescentes de sangre roja: COGER. Ser poseída por el monstruo. Conocer. Explorar.
Crepúsculo y toda la reinterpretación vampírica que nos está tocando vivir es, creo, un nuevo ataque de los que escribieron y aprobaron libros como “Juventud en éxtasis” ¡Niños, déjense ahí! Eso es malo, eso es feo, no somos bestias, somos humanos!
El vampiro es hoy, pues, el abanderado de una extraña revolución sexual inversa. Que no aboga por un un acercamiento inteligente a la genitalia sino por una cancelación de la sexualidad. De la animalidad. Por un cerrar los ojos ante la existencia de una parte vital de nosotros mismos.
¿Qué podemos hacer ante este ataque? Lo que estamos haciendo justo ahora. Esta noche los vampiros no brillan como Campanita bajo la luz del sol, esta noche los vamprios tienen colmillos afilados y vergas no-muertas que buscan la sangre de hímenes púberes. Esta noche los vampiros no se ligan a niñitas estúpidas para ir al campo a cortar flores. Esta noche los vampiros son esa voz que nos susurra ¡salta! Cuando nos asomamos por la ventana de un edificio alto.
Esta noche se muerde, se bebe, se goza y se padece.
Children of nigh! Who among you will run with the hunt?
Es, creo, por esta ubicuidad que al finalizar ésta priméra década del tercer milenio los colmilludos empezaron a hacerse comunes. Ocurrió con los tatuajes, por ejemplo. Durante casi toda la historia de la humanidad tener tinta en la piel estaba reservado a un selecto grupo ya fuera de marginados o de iluminados Hoy son casi la norma. Pasó también con el Punk, la misma ropa – o el mismo estilo de ropa – que usaron los Pistols cuando cantaban “Dios salve a la reina, que no es un ser humano y aquí no hay futuro e Inglaterra solo sueña” es la misma que usa Avril Lavigne para cantar “hey, tu, no me gusta tu novia, necesitas una nueva, podría ser yo”.
Esto, por si mismo, no es un problema, por cada Sum 41 hay dos Dead Kennedys. Además, siendo perfectamente honestos, la absorción del nosferatu no es un fenómeno nuevo ¿Cuántas amas de casa leyeron “Entrevista con el vampiro” mientras esperaban que los niños terminara de juga fútbol? El problema de ésta etapa de la absorción es que el vampiro otrora símbolo de nuestra naturaleza predadora, feral y sobretodo, sexual es hoy un niño bonito, casto y francamente pendejo.
Lo confieso frente a ustedes: He leído toda la saga de Crepúsculo, de cabo a rabo y ¿saben? Además de ser aburrida, tedios, mal escrita y larga como cuaresma es peligrosa. Piénsenlo bien: Edward Cullen es un vampiro de ciento siete años de edad, tiene fuerza sobrehumana, vuela, se transforma, vive de la sangre de los mortales y ¿que hace para pasar el rato? Se inscribe a una puta preparatoria gringa, donde conoce a una insípida niña llamada Bella (la cual, dicho se de paso es el personaje más plano que he leído en mi vida, la ama de casa mormona que escribió el libro pasa páginas enteras describiendo el hercúleo cuerpo de Edward, sus ojos, su guapura, SU PILNCHE OLOR, pero Bella es completamente anodina, cualquier puberta de cualquier pate del mundo se siente identificada, porque solo tiene que llenar los espacios en blanco que son legión) ahora bien, Edward conoce a esta niña y EN LUGAR DE COGERSELA O COMÉRSELA decide ser su novio de manita sudada. “hay que espera” le dice “no quiero lastimarte” “no te quiero quitar tu pureza”
En resumen, Edward es un pinche Jonas Brother con colmillos. Antiséptico, higiénico castrado. Robado de esa esencia morbosa del no-muerto. Vamos, que un cadáver tiene más presencia putrefactamente cool que este niño. Bella es una puberta y ya. Una puberta que quiere lo mismo que todos los adolescentes de sangre roja: COGER. Ser poseída por el monstruo. Conocer. Explorar.
Crepúsculo y toda la reinterpretación vampírica que nos está tocando vivir es, creo, un nuevo ataque de los que escribieron y aprobaron libros como “Juventud en éxtasis” ¡Niños, déjense ahí! Eso es malo, eso es feo, no somos bestias, somos humanos!
El vampiro es hoy, pues, el abanderado de una extraña revolución sexual inversa. Que no aboga por un un acercamiento inteligente a la genitalia sino por una cancelación de la sexualidad. De la animalidad. Por un cerrar los ojos ante la existencia de una parte vital de nosotros mismos.
¿Qué podemos hacer ante este ataque? Lo que estamos haciendo justo ahora. Esta noche los vampiros no brillan como Campanita bajo la luz del sol, esta noche los vamprios tienen colmillos afilados y vergas no-muertas que buscan la sangre de hímenes púberes. Esta noche los vampiros no se ligan a niñitas estúpidas para ir al campo a cortar flores. Esta noche los vampiros son esa voz que nos susurra ¡salta! Cuando nos asomamos por la ventana de un edificio alto.
Esta noche se muerde, se bebe, se goza y se padece.
Children of nigh! Who among you will run with the hunt?
Texto leído el sábado 17 de Abril en la noche clandestina de vampiros del Centro Cultural "El Foco"



