¿Alguien quiere pensar en los niños?
Usualmente digo, junto con el lloradísimo Carlin “al carajo con los niños” en el sentido de que los padres modernos, asustados, crédulos e idiotas, invierten una cantidad absurda de tiempo y dinero en cosas que sus engendros no necesitan. Pero hoy hay algo que no me está dejando dormir.
Hace tres días un jugador de fútbol, demasiado panzón para ser considerado atleta de alto rendimiento fue baleado por alguien con facha de yuppie prepotente y armado.
Tres pinches días. Setenta y dos horas. Para cuando escribo esto ya hubo un homenaje en el Azteca, horas enteras de tiempo en la Televisora asociada con su equipo, dos retratos hablados, una aprehensión y hasta, según lo que leo en este momento, una sub-sub-sub famosa que se mete al reflector de un modo tan surreal que no entiendo como le dan cobertura (¿¿a quien puta madre puede importarle que una pseudocelebridad tuvo uno o mil bastardos con el que disparó?? En serio ¿A quien?)
Hace siete meses y veintitrés días, cinco mil seiscientas ochenta y ocho horas, cuarenta y siete niños murieron quemados en Hermosillo, los únicos arrestados hasta el momento son empleados de la secretaría de finanzas del estado. Las dueñas de la guardería subrogada, esposas de burócratas importantes del Gobierno del estado, no han sido acusadas y la demanda civil a la que se enfrentan camina lenta como tortuga.
No quiero sonar como una escandalizada y moralina Helena Alegría rasgándome las vestiduras mientras grito “¿ALGUIEN QUIERE PENSAR EN LOS NIÑOS?”
Pero me parece que éste país bananero no solo padece de incoherencia en la trama, sino que sus prioridades están obscenamente mal acomodadas.
Hace tres días un jugador de fútbol, demasiado panzón para ser considerado atleta de alto rendimiento fue baleado por alguien con facha de yuppie prepotente y armado.
Tres pinches días. Setenta y dos horas. Para cuando escribo esto ya hubo un homenaje en el Azteca, horas enteras de tiempo en la Televisora asociada con su equipo, dos retratos hablados, una aprehensión y hasta, según lo que leo en este momento, una sub-sub-sub famosa que se mete al reflector de un modo tan surreal que no entiendo como le dan cobertura (¿¿a quien puta madre puede importarle que una pseudocelebridad tuvo uno o mil bastardos con el que disparó?? En serio ¿A quien?)
Hace siete meses y veintitrés días, cinco mil seiscientas ochenta y ocho horas, cuarenta y siete niños murieron quemados en Hermosillo, los únicos arrestados hasta el momento son empleados de la secretaría de finanzas del estado. Las dueñas de la guardería subrogada, esposas de burócratas importantes del Gobierno del estado, no han sido acusadas y la demanda civil a la que se enfrentan camina lenta como tortuga.
No quiero sonar como una escandalizada y moralina Helena Alegría rasgándome las vestiduras mientras grito “¿ALGUIEN QUIERE PENSAR EN LOS NIÑOS?”
Pero me parece que éste país bananero no solo padece de incoherencia en la trama, sino que sus prioridades están obscenamente mal acomodadas.



