Cuatro paredes
In memoriam
Fritz Hildel Buendía (1984-2008)
Lo primero que hizo Joaquín, al entrar a la habitación, fue aspirar una profunda bocanada de aire. Llenó sus pulmones muy lentamente, disfrutando del leve olor a humedad que despedía la vieja alfombra. Sí, era el mismo olor de aquella noche.
Todo a su alrededor era tal y como Joaquín lo recordaba. Las cortinas aun tenían ese asqueroso color café, el cenicero reposaba sobre el buró derecho, el grifo del lavabo seguía goteando.
Nada había cambiado.
Se tumbó en la cama, se desnudó, arrojó su ropa a un lado y dedicó toda su atención a la textura de las sábanas, la colcha, y las almohadas. Cerró los ojos para no tener más estímulo que la aspereza de esas telas, mil veces lavadas con detergente barato. La sensación era la misma, seguía siendo la cama de ambos.
Al abrir los ojos, se topó con su propia mirada, el espejo del tocador le devolvió una imagen que no esperaba. Se encontraba más pálido que antes, su cabello era una maraña nudosa que esparcía pequeñas partículas de caspa por todo lo ancho de sus hombros, sus pómulos resaltaban más que nunca y las ojeras delataban las noches insomnes. Él sí había cambiado y eso no le gustaba.
Alejó la mirada rápidamente de aquel desconocido que le enviaba el espejo, para buscar el control remoto y encender la televisión.
El control no se hallaba en su lugar, de estar empotrado al buró izquierdo, lo habían cambiado al derecho y el marco de metal que lo protegía de manos ladronas, era ahora de plástico.
Más cambios, más incomodidad.
Cuando logró encender el televisor todo se le derrumbó. El modelo de aquella noche era un Zenith y el aparato que ahora emitía frente a él una película pornográfica era un Sony.
Me estoy engañando, –se dijo – este cuarto no es el mismo.
Joaquín tomó su pluma y una hoja de papel de su mochila.
Leticia:
Una habitación de hotel guarda entre sus cuatro paredes una contradicción tan grande como sutil.
Por un lado, los colores neutros de las sabanas y las paredes, el estilo anodino pero contemporáneo de los muebles o la presencia simple pero poderosa de una televisión son elementos destinados a crear en el huésped una sensación no solo de bienvenida, sino de familiaridad. Entrar a una habitación de hotel debe, idealmente, ser un pequeño Déjà vu.
Al mismo tiempo, las habitaciones de hotel están llenas de detalles que crean una cierta hostilidad hacia todo aquel que cruza su puerta. Los muebles y las sabanas son tan impersonales que resultan ajenos, inhumanos. El orden que impera en la habitación cuando recién se entra es antinatural, no sólo porque todo está perfectamente acomodado sino por que este orden tiene la finalidad de ocultar todo rastro del huésped anterior.
Cuando el pasado se intenta borrar de una manera demasiado evidente el efecto que logra es el contrario al deseado. Todos los habitantes anteriores de esta habitación, salen a relucir, justamente, porque intentaron ser ocultados.
Es esta hostilidad la que me ha vencido, traté lo mejor que pude de recordar nuestro primer encuentro, en todos las partes de este cuarto que pretendían permanecer iguales a aquella noche. Me doy cuenta ahora, que es imposible, aquel cuarto existió sólo cuando tú y yo estábamos juntos.
Que te quede claro, tú me mataste al irte, hoy, sólo cerraré los ojos.
Joaquín dobló el papel por la mitad y lo arrojó sobre la cama, se dirigió a la pequeña montaña de su ropa y del pantalón sacó su navaja suiza.
Tranquilamente, regresó a la cama, extrajo la hoja afilada de su herramienta y de un solo golpe, hundió la cuchilla en su muslo izquierdo. Un borbotón de sangre manó velozmente de su femoral.
El dolor que sintió pasó muy pronto, y un tranquilo sopor lo inundó.
Lo ultimo que Joaquín escuchó fue un golpeteo sordo, acompañado de los gemidos orgásmicos provenientes del otro lado de la pared.
Julián...Julián....Me estas matando.
Aunque no es mi cuento favorito, ni el primero que escribo, es el primer cuento que puedo llamar "mío".
Cierto, el haber registrado este textito ante derechos de autor no tiene más merito que pagar el predial, por ejemplo. Pero cuando hoy en la mañana doté a este cuentito de una "existencia" en mi panza sentí un calorcito que no se siente con ningún otro trámite burocrático.
Estas son, a los ojos de la legalidad, mis letras.
P.D: Se me acaba de ocurrir un valor agregado al día de hoy: Si algún otro chistoso copioncito decide birlarse el texto de arriba, con la mano en la cintura, lo puedo meter al botiquín.
*En otro orden de ideas*
Querida Mia: "Milagro" es una palabra demasiado corta para la noticia que recibiste hoy. Bienvenida al primer día del resto de tu vida.