He llegado a la conclusión de que no es la ausencia de musas lo que ha tenido a este blog mas abandonado que una casilla electoral Oaxaqueña, es simple y llanamente que tengo la mano demasiado fría, mis uñas se han hecho hielitos, así que con su permiso me pondré a escribir en salvaje frenesí sobre todo lo que venga a mi mente. No esperen mucha coherencia, se publicará en cuanto decida que terminé.
Empezaré diciéndoles y diciéndome que estoy a punto de terminar Crónica de la Intervención de Juan García Ponce; un libro que tiene mucha historia tanto por dentro como por fuera; por dentro por ser una historia entramada, complicada, con frases demoledoras y situaciones que son muy verosímiles al mismo tiempo que llenas de ficción. Tiene historia también por fuera, la historia del lector, por ser un libro al que he llegado. Me explico:
En este vicio de la literatura es inevitable vivir conexiones; por ejemplo, leer a Juan José Arreola me llevó a leer a Papini, simplemente porque las menciones eran tantas que el sentido común me hizo suponer que algo tendría de bueno.
A Ponce llegué gracias a Juvenal Acosta, o más exactamente, a la fascinación que Julián Cáceres tiene sobre este autor (justificadísima por cierto) ahora Ponce me está llevando hacia Musil, Klossowski, solo el Diablo sabe hasta donde puede llevarme este camino, una cosa es segura, no al final, puesto que el camino es infinito.
Pero a Crónica no llegué solo en este camino metafísico, también llegué a el de manera física. Me enteré de su existencia en la biblioteca de mi facultad, sin sospechar nada tomé el primer volumen y me lié a leer: con los primeros renglones quedé intrigado y al terminar el primer capitulo me había dado cuenta que frente a mi se hallaba algo único, que me forzaría a regresar a el una y otra vez. Tenia que ser mío
Me puse a seguir el rastro de la obra para poder conseguirla (el buen cazador de tatuajes es también buen cazador de casi cualquier otra cosa) tracé mi ruta detalladamente, calle por calle, atajo por atajo. El rito de la caza tiene otros ritos que lo preceden, los realicé todos para estar seguro. Dediqué un día entero para encontrar a la persa, librería tras librería, calle tras calle. La búsqueda abarco desde almacenes ultramodernos con publicidad cara hasta las tradicionales librerías de viejo, con su olor a cielo. En los primeros no hay mucho que hacer mas que confiar en el inventario, en los últimos, una sonrisa bien colocada, abre puertas de otro modo inaccesibles.
Todo esfuerzo fue en vano, la presa simplemente no se hallaba.
Pasaron unos días, hasta que una tarde, pasé frente a una librería de viejo en Avenida Universidad, que no había contemplado en mi ruta de inicio. Sin esperar nada, casi nomás por no dejar, entré, subí al segundo piso y para mi sorpresota, ahí mismo, en el segundo estante, brillaba el primer volumen de esta novela. El no encontrar el segundo volumen no me importó lo mas mínimo, por menos de cien pesos podía ya sumergirme a gusto en la historia de Mariana y Maria Inés.
A las pocas semanas y cuando me hacían falta solo unas paginas para terminar el primer volumen me perdí en la colonia Roma, buscando una fiesta de cumpleaños, de otra fan de Ponce por cierto, llegué a otra pequeña librería de viejo, no pregunté nada, sabia que el segundo volumen estaba en algún lugar de esa librería.
Quince minutos después caminaba con el volumen dos, de la misma novela, la misma editorial, el mismo año. Dos gemelos reunidos.
Es difícil a veces empezar a Rayuelear, cuando se tiene el sistema del cazador tan metido en la manera de ver el mundo.
Esta semana aprendí que se puede jugar a hacer el amor y juzgo muy interesante la experiencia, tanto por lo que se hizo como por lo que no se hizo, por haber hecho de la lectura una experiencia física y de el encuentro erótico una experiencia literaria. Cuatro ojos leyendo, cuatro manos explorando.
Por cierto, cuando digo que todas son especiales no es lo mismo que decir que todas me son indiferentes, soy cazador, no depredador. De eso hablaré en otro momento, esta escritura automática me está empezando a marear.