Mecagüenel bloqueo de escritor.
Como dijeran Les Luthiers: ¡Oh sillas...digo...Oh mesas...digo...¡MUSAS! venid a mi auxilio


Estoy fúrico, incrédulo, mis ancestros republicanos se revuelcan todos en sus tumbas, esto no se puede quedar asi. Como infimo acto de protesta y para que a los censores les salga el tiro por la culata, les muestro la portada, para que rian un rato y para que la compartan con el resto del mundo.


La faena del Cazador de Tatuajes es infinita, porque así como nadie se puede bañar dos veces en el mismo río, los tatuajes pueden y de hecho deben ser cazados en cada una de sus reinvenciones.
Cuando un tatuaje es cazado por primera vez, es decir, cuando la barrera de la ropa es eliminado del cuerpo de su portadora; importa poco el diseño que tenga, el sentimiento de mutua complicidad entre el cazador y la portadora es el premio de ambos. En un segundo encuentro el cazador puede analizar con mas cuidado la pieza y decidir si la furia en los ojos de la pantera reflejan la pasión de la portadora o si la silaba Aum marcada del hombro derecho hace juego con los conocimientos tántricos de la elegida.
Con el tiempo y los encuentros subsecuentes los ojos de la pantera han sin duda cambiando para el cazador, puesto que tanto la portadora como el mismo cazador son distintos, incluso es posible que los ojos de la pantera hayan dejado de ser importantes y lo que al cazador ahora fascina es la posición desafiante del felino o el lugar del cuerpo en el que se encuentra.
La cicatriz elegida que es el tatuaje es inmutable en cuanto a forma, pero el significado varia infinitamente.
Si alguna de mis queridas tres lectoras NO lee con regularidad el blog de mi sen-sei Agus, se está perdiendo de enterarse antes que (casi) todos quién será el invitado de honor en el Hoochie Coochie Bar, amén de sus anécdotas roqueras y sus sesudas reflexiones sobre la vida, la muerte y demás banalidades. Así que hagan una pausa y cáiganle al Blues de la Estufa Divina.
¿Ya?
Bueno.
Ahora si a lo que me truje.
El suicida tiene muy mala reputación en Occidente; o más bien, solo se conoce un tipo de suicida, el suicida “con minúscula”.
Este suicida fue bien analizado por Durkheim quien dijo que el suicidio es un fenómeno sociológico más que un puro acto individualista. Él lo consideraba consecuencia de una mala adaptación social del individuo y de una falta de integración. Identificó cuatro tipos de suicidio: egoísta, altruista, anómico y fatalista que sucedían como consecuencia de determinadas condiciones sociales.
Así, el suicidio egoísta y el altruista eran el resultado de una débil o fuerte integración del individuo en la sociedad. El suicidio anómico y el fatalista venían determinados respectivamente por una débil y excesiva regulación por parte de la sociedad.
Si solo existieran estos suicidas chiquitos, suicidarse no sería pecado. ¿Qué le puede importar a la institución que un feligrés o dos se maten porque su mami los abrazaba demasiado... o no lo suficiente? ¡Nada! Los que hicieron temblar en sus sotanas a los repartidores de opio del pueblo, fueron los Suicidas (con mayúscula)
Ícaro, es un buen ejemplo del Suicida, a pesar de ser hijo de uno de los cerebros más racionales de su época, Ícaro era guiado por la pasión; cuando se puso las alas que fabricara su padre, Dédalo, para salir del Laberinto, no se conformó con usarlas para moverse del punto A al punto B, quiso llegar hasta arriba, lo mas arriba que se puede llegar, es decir, hacerse uno con el Sol. El precio que pagó por su intento, fue su vida.
Esos son los Suicidas, aquellos que sacrifican su pellejo por el conocimiento ultimo, aquellos que reúnen los suficientes güevos para fusionarse con lo que les apasiona.
Ikarospiel, les diría Agustín, Ikarospiel.
Admiro sobremanera el coraje de estos suicidas, y hay días en los que me gustaría ser como ellos, pero afortunada o desafortunadamente estoy todavía demasiado apegado a este mundo físico.
Me identifico más, si a griegos vamos, con Odiseo o más bien, con la estrategia que él utilizó.
Todo mundo se sabe la historia: Cuando Odiseo regresaba a su casa se vio forzado a pasar por las islas donde vivían las Sirenas, cuyo canto, era tan hermoso que atrapaba al marino mas experimentado; una vez que tenían al pobre bien engatusado, lo forzaban a estrellar su barco contra las afiladas piedras de su isla, acarreándole la muerte.
Odiseo no era ningún pendejo (la pura idea del Caballo de Troya fue prueba suficiente) así que tapo los oídos de su tripulación con cera, se hizo atar al mástil de su barco y pidió a los marineros que por mas que él gritara y suplicara no lo fueran a desamarrar.
Imaginen entonces la dulce tortura a la que se sometió Odiseo, el indescriptible canto de las sirenas lo llamaba a ceder a la tentación Suicida de hacerse uno con tanta belleza, pero las cuerdas se lo impedían. Estoy seguro que Odiseo gritó con todas sus fuerzas, desde el fondo de sus pulmones, desde el fondo de su alma; pero también estoy seguro que nadie que hubiera oído esos gritos pudo saber si le estaban rompiendo los huesos o si estaba teniendo un maravilloso orgasmo.
Los resultados en Odiseo de esta experiencia también fueron duales, por un lado pudo contar a toda su descendencia que él era el único mortal que pudo escuchar a las Sirenas y vivó para contarlo, pero al mismo tiempo, él haberse negado a perder su Yo en la belleza de la música le pesó en la conciencia el resto de su vida.
Creo que aquellos melómanos que como yo, no podemos tocar ni la puerta nos vemos obligados a Odisear, ver a los ojos a las sirenas, pero continuando bien agarraditos a nuestro Ego.
No me queda mas que decir salud por el brillante sol que nos invita a subir, por la hermosa sirena y su sublime canto. Decir salud, pues, por aquellos héroes, los Suicidas, quienes como Robert “Icaro” Jonson, le vendieron su alma al diablo por fundirse en la luz, digo, en el Blues

