La verdadera historia...la real...la neta...de Prometeo
Lo mero bueno empieza a partir de 1:47, notarán que aparece mi verdadero nombre y mi manera de ser detallada como solo papá sabe hacerlo.



Eje Central esta atascado de coches, un grupo de mariachis barrigones esperan junto a la banqueta esperando que les caiga trabajo, el palacio de Bellas Artes se hunde, lenta, pero inexorablemente, llegué un poco mas temprano de lo acordado por lo que tengo que esperar diez minutos a la gente con la que me cité.
Todo esto, seria normal, cosa de todos los días, si no fuera que son las tres y media de la mañana del seis de mayo de dos mil siete y estoy a punto de desnudarme en el zócalo, acompañado de un numero determinado de amigos e indeterminado de extraños, ante la camara de Spencer Tunick.
Cuando llegaron Jubilo y Mariposa de Humo (la tía que todos quieren pero pocos tenemos) me sentí más tranquilo, por un momento pensé que ninguno de mis cuates iba a llegar lo cual me ponía bastante nervioso, no tanto por estar solo entre una masa, sino por no tener con quien compartir la experiencia (razones que se parecen, pero solo a primera vista). Unos minutos después (m)Eneas y Cadeva se nos unieron. Caminando por Madero no se veía tanta gente y tuve la impresión de que no seriamos tantos los convocados.
Dicha impresión se acabó pronto, específicamente al ver la fila de entrada que de tan larga, daba tres vueltas a una sola calle, mientras a unos pasos de ahí cientos se arremolinaban para llenar una solicitud de ultimo minuto. Los chavos de logística estaban sudando tinta china para mantener las filas y guardar el orden.
Las horas se movían perezosas en mi reloj, Tarzan y VonKinder dormían como benditos en la fría calle, valiéndoles madre, los nervios que me invadían se disiparon poco a poco con la platica y las bromas, los goyas brotaban de pronto, los albures fueron incuatificables, un río intermitente de personas se dirigía hacia veinte de noviembre, buscando un lugar para acomodarse. Éramos ya un chingo.
Los muchachos de logística nos pedían una y otra vez que nos sentáramos “para ver cuantos huecos hay” la carcajada hizo que me relajara por completo, a pesar de que ahí se sintió el primero de dos pelotes en la sopa (de carne) es decir, el PESIMO sonido que manejaron, en toda la noche no escuché claramente una sola instrucción, se cortaba, se oía muy bajito, no se entendía un carajo para acabar pronto, como bien dijo Tarzan, hasta Antorcha Campesina trae mejor sonido.
Por fin Tunick se apersono y con ayuda de un traductor (bastante malo) nos saludó y agradeció el haber ido, giró sus apreciables y nos sirvió de cuenta regresiva para el momento de la verdad. Salía el sol.
On your marks, get set, go...
Ver a mis amigos despojarse de la ropa y guardarla en mi bolsota fue el parteaguas definitivo entre el antes y el después. Si, les vi los senos a unas y los penes a otros, pero de una manera completamente distinta a la que he visto desnudos antes; no me sentía feliz y triunfante como cuando se ve a la mujer amada desnuda ante uno, no era la excitación animalesca de los desnudos pornográficos, ni la admiración ante un desnudo artístico bien dibujado o fotografiado. Se sentía una combinación extraña entre incredulidad, prisa y camaradería. Los pocos segundos que precedieron a la carrera al zócalo, nos dimos las manos, diciendo “mucho gusto” presentándonos, como si no lo hubiéramos hecho nunca, de alguna manera, así era.
Mucho gusto, soy Renato.
Con la prisa de buscar una buena loza en la plancha del zócalo (nos pidieron que cada quien se parara en uno) el grupo se dispersó, quedé con las mujeres bastante cerca de la entrada del metro. Me vi de repente entre desconocidos, desnudos todos, pero de nuevo, de una manera extraña, con una normalidad de NO estar desnudos. Como si la manzana nunca hubiera sido comida. Obviamente los detalles y defectos de cada cuerpo se veían, pero por una vez en la vida el cuerpo mexicano se libró de los estatutos dictados por el norte, nadie se burlaba, nadie babeaba, extrañamente, el desnudo colectivo en lugar de inhibir parecía mas bien romper el hielo, un pretexto para cotorrear en conjunto con desconocidos por el simple gusto de estar ahí, de estar desnudos...de estar desnudos juntos.
Las tres posiciones fueron un caos, y mucho mas en donde yo me encontraba, no se oía nada con claridad, teníamos que adivinar y seguir lo que la mayoría hacia. Nos pedían silencio por los altavoces a pesar de que las bromas eran parte del encanto. Junto a mi había una chica, de cabello rojo pintado, puesto que NO era roja de todos lados, que al ver una parvada de palomas volando dijo “oh no, pájaros” como si la conociera de toda la vida, le dije “pues hay un chingo” unos minutos después, en la posición B (acostados) gritó asustada “¡UNA CUCARACHA!” una amiga de la pelirroja se me adelantó para decir “también hay un chingo”.
La segunda tanda de fotos, a lo largo de veinte de Noviembre, fue mi favorita, la camaradería creció con las platicas entre desconocidos que éramos cómplices, y los cánticos que brotaron de pronto: “Voto por voto, casilla por casilla” surgió como recordando la última vez que estuvimos juntos o mi favorita “Espencer, hermano, ya nos viste el ano”
En el regreso por 20 de noviembre terminó el sueño. No solo el sueño de estar en la foto, sino, sobretodo, el sueño de la falta de morbo, el sueño de quitarnos los prejuicios y quitarnos, un rato, el nombre. Tunick pidió a las mujeres que se apartaran para tomar una foto solo de ellas, muchos idiotas aprovechando la situación se acercaron a ver, rompiendo la camaradería, la armonía. Cierto, muchos de la foto aprovecharon pero también cabe señalar que aparentemente abrieron el cerco de seguridad durante la foto, porque de Madero empezó a entrar un mar de gente. Ese fue el segundo pelo de la sopa, por mucho, el peor. Mal calculo de Tunick, peor actuación de mis congéneres.
Debo mencionar acá a Nataren, quien no quedándose en la solidaridad de NO ir a romper la armonía, forzó a un ajeno a que borrara las fotos que había tomado con su celular. Kudos.
Hoy, después de toda la aventura, siento gacho por los ausentes, veo con tristeza la mojigatería de algunos medios que ponen borroso no solo los cuerpos, sino las caras de los que ahí estaban, se nota que aun está clavado en la mayoría que lo que hicimos fue algo de que avergonzarse, algo malo. Aprecio mucho mas el desnudo no solo por la diversión, el arte y los amigos, sino que me sirve de consuelo, haber tenido un domingo tan irreal cuando despierto un Lunes con Sarkozy en el poder, y los lideres de Atenco, condenados. Horrible despertar.
Gracias al conjunto de DFlickr por haber compartido esta experiencia conmigo. (I love my Flickr Friends)
Gracias Alejandro, Alejandra, Cesar, Claudia, Erwin, Olga y Rodrigo. Fue irrepetible
No es por falta de ganas que no he posteado, no es por falta de ideas o de motivos para hacerlo, antes bien, tengo docenas de textos madurando en la vil y perversa mentecita que Marx me dio.
No es porque me de flojera, no es porque ya le haya perdido sabor a esto.
Simplemente tengo miedo
Miedo de lo que de mi puede salir, de los sentimientos plus que nostálgicos que me anegan en Mayo, mes de muerte y destrucción desde que tengo memoria. Irónicamente, o quiza en un balanceo cósmico, tambien es un mes de muchos cumpleaños.
Me empiezan a pesar los huesos que traigo cargando.
Me empiezan a doler los legados que he heredado (esto ultimo es, por mucho, lo que mas me ha jodido)
Y en este momento, me acabo de enterar de algo que me enojó. No se ni por que, quizá me debería ser indiferente, o en un mundo ideal, darme mucho gusto, pero por alguna torcida razón, hizo que la boca me supiera amarga.
¿POR QUE?

