La expectación era demasiado grande como para ser digerida, habían sido meses de espera, quizá fue por eso que la mañana de ese día fue como cualquier otra. Realicé mis actividades lo mas apegado a la rutina como fue posible. Irónicamente eso fue la diferencia fundamental con otros días; la inminencia de la tormenta que ocurriría ese día cargó a la rutina de un aspecto forzado, obligatorio. Nada debía salir de lo normal so riesgo de romper la endeble tensión superficial en la que se hallaba contenido mi animo.
Las horas pasan lentas, los rostros a mí alrededor se difuminan y pierden sus rasgos, todo el mundo habla con lentitud, el trayecto en metro me parece interminable, el centro de la Ciudad, otrora fascinante me repugna, me causa una nausea sartreana.
Ella no está conmigo.
Nosotros no estamos ahí.
Nada tiene sentido.
Cuando Ella por fin aparece, la nausea disminuye hasta casi desaparecer, siento que el estar con quien compartiré un epitome de alguna manera es ya empezar a vivirlo, comemos, hablamos, reímos, de alguna manera todo regresa a ser tolerable. Sin embargo en mi interior aun oigo gritos apagados que me urgen a dirigirnos al lugar, los boletos me pesan en el bolsillo de la chamarra, las viejas notas resuenan en mi memoria con insistencia.
Las siguientes horas son solo verbos en mi memoria (comimos, aboramos, hablamos, llegamos) la expectación regresa, crece con cada paso que doy entre los puestos de recuerdos que preceden a la entrada y se apodera de mí cuando siento la necesidad de correr a la entrada del recinto, Run like Hell.
Al entrar al Foro Sol me detengo un momento a observar el lugar disfrutando un sentimiento contradictorio: El lugar es enorme, vasto y al mismo tiempo diminuto, estúpidamente insuficiente para contener nuestras emociones, nuestras expectativas.
A medida que más gente va llegando el espacio se reduce mas y más, la tensión crece, todos queremos estar mas adelante que el resto, todos maldecimos la nuca de el que está adelante; algunos pasan de los pensamientos a los hechos y en un par de ocasiones el sistema tiene que intervenir en peleas, causadas por el hacinamiento, la invasión de espacio vital, la insoportable espera y la curiosidad que nos tortura al ver durante horas un radio y una botella en las pantallas del Foro.
Confieso ahora que me sentía mal en ese instante, mi tobillo izquierdo, que desde que tengo uso de razón me duele, empieza a resentir la tensión y las horas de estar de pie, tanta gente a mí alrededor me inflama la misantropía, tantas cabezas me hacen maldecir el lugar tan caro y tan incomodo. Pensaba no estar en el lugar correcto.
Todo empieza sutilmente, tras tanta espera, en la pantalla aparece una mano que enciende un cigarro y prende el radio, El Rey y Chuck Berry nos recuerdan gracias a quienes estamos ahí reunidos, Roll over Beethoven, Tell Tchaikovsky the news.
La ovación le sirve a Waters de telón, todo mundo se mueve al verlo, tratando de tener la mejor visión, mil y un imbéciles sacan sus celulares para grabar el acontecimiento, me hierve la sangre unos segundos ¿realmente creen que sus mierdecitas podrán captar siquiera una milésima de lo que estamos a punto de presenciar? Idiotas, disfruten la tormenta, no se hagan ilusiones, esto no se repetirá. NUNCA
Waters saluda y nos despedaza en cinco segundos, el inicio de In the Flesh nos deja impávidos, es una rola demasiado fuerte, directa, va al grano sin preámbulos, nos tiene comiendo de la palma de su mano antes de siquiera empezar a cantar.
Con el solo de guitarra somos ya una maremagnun, un monstruo de mil cabezas domado por Waters. El sonido del motor que ruge se confunde con nuestros rugidos de éxtasis.
El concierto...EL concierto, ha comenzado.
Waters nos muestra quien es haciendo sonar clásico tras clásico, es cierto, el concierto se llama Dark Side of The Moon, pero no basta, no es suficiente. Hay que honrar a quienes no están, quienes quizá nunca estuvieron.
Syd Barret flota por el escenario toda la primera parte, ya sea preguntándole a su madre si debe confiar en el gobierno o bien oyendo con la mirada perdida como sus amigos le rinden tributo con uno de los réquiem mas hermosos jamás escritos: Come on you target for faraway laughter, come on you stranger, you legend, you martyr, and shine!
Fue demasiado para mi. Lloré como no lo hacia en mucho tiempo, me desgarré la garganta gritar el coro, elevando al cielo mi voz junto con la de miles, aullando a la luna lamentando y sintiendo el peso de la genialidad perdida.
La sorpresa de la noche fue una canción “nueva” Leaving Beirut, acompañada de una proyección de un comic al estilo noir de Frank Miller. El contraste es increíble, un Waters joven, anónimo aun, anonadado por la simplicidad de medio oriente, junto a un Waters arrugado, canoso, que se sabe creador de epitomes y leyendas. Quedo fascinado. Aunque la rama cruja, Roger roquea.
La última canción de la primera parte fue Sheep, con el legendario cerdo volador que se eleva al cielo contaminado. Como había cometido la imprudencia de leer reseñas regias y tapatías del concierto, no me sorprendí tanto como la mayoría, pero fue un detallazo.
Termina la primera parte, Waters nos da quince minutos de gracia, un cuarto de hora para digerir los sendos putazos que nos había propinado. Quince minutos para prepararnos para ver el lado obscuro de la luna.
El cuarto de hora pasa volando, nadie se mueve, incluso las conversaciones se sienten susurros...No sabemos aun que acaba de pasar, no sabemos aun lo que vendrá.
El foro late de pronto, bien puede ser el conjunto de sangre de los corazones ahí presentes llevando sangre al cerebro y a la entrepierna, bien pudo haber sido también el corazón mismo del lugar, conmovido por el Inglés.
Cierro los ojos
e Ihnalo
Breathe, breathe in the air
Dicen que la animación de la pantalla fue espectacular, yo no lo se, me mantuve en absorción acústica. Hasta que un despertador inesperado me hizo abrir los ojos, no importa cuantas veces haya oído este disco, ese despertador siempre me toma por sorpresa.
Lo primero que veo y me deja anonadado es un pedacito de luz blanca, que brilla con enjundia, con vehemencia. Increíblemente, como si supera que de ella hablan, la luna se empieza a asomar por arriba del escenario. Poco a poco lentamente
Estuve a punto de cagarme, invoco a todos los demonios del infierno mientras veo y oigo incrédulo como la luna se asoma poco a poco, la gente grita, las guitarras gimen, me invade la certeza de que por mas que no lo pueda creer, la luna se verá completa en cuanto deje de sonar Time
Así ocurre
Estoy en el mejor lugar del Foro, oigo y presencio (¡otra coincidencia apabullante!) The great gig in the sky. Millones de dólares en efectos de luz y sonido no pueden comprar algo como eso. El prisma que nos inundó fue genial, pero la luna, la vieja e impasible luna, me guiño un ojo mientras oía sonar con toda su fuerza lo que fue Pink Floyd
Siguieron canciones, siguieron momentos asombrosos, anécdotas, encuentros y desencuentros.
De todo lo que cuento y lo que me callo me quedo con ese momento: Ella abrazándome, Roger tocando, Syd volando y yo con la mandíbula en el piso viendo...la luna, que nunca como en ese momento, brilló tanto.
Best.Concert.Ever