A pesar de que han transcurrido casi dos meses de este dos mil siete, el Sábado fue el primer concierto del año. El honor fue para el Teatro de la Ciudad con Medeski, Martin y Wood con Cabezas de Cera como abridores.
A algunos les consta que estuve recomendando este concierto a diestra y siniestra, a quien se dejara le hablaba de las maravillas de Medeski al piano, la calidad de su disco Lunar Crush y del poco dinero que costaría la entrada, además del muy atractivo 50% de descuento con credencial de estudiante. Como siempre pasa, nadie me peló y de las diez personas que invité no llegó ni una sola.
Por primera vez en la vida, casi me alegro.
Caminando por Donceles, de regreso a mi casa, me invadió una sensación de extraña incomodidad: acababa de presenciar a uno de los tríos de Jazz más influyentes de los últimos tiempos tocar por hora y media casi sin pausas, solo dos, una para presentarse y el minuto que la gente aplaudió para pedir un encore, la acústica fue muy buena, la disciplina de los músicos, completa.
¿Qué faltó? ¿Qué pudo haber faltado que me hizo sentir como si hubiera tenido un coitus interruptus? ¿POR QUÉ CARAJOS NO CUMPLIERON MIS EXPECTATIVAS?
Me parece, ahora que tengo la cabeza mas fría, que eran mis expectativas las que no estaban de acuerdo al espectáculo. Durante semanas me creé la expectativa de que MMW seria un espectáculo tan intenso como el disco Lunar Crush o como los Screaming Headless Torsos, esperaba en lo mas profundo de mí que la banda hiciera pedazos al respetable, lo cual simplemente no ocurrió.
No puedo solo atribuir la desazón a mis expectativas, me parece que el trío no estaba bien metido al concierto, o mejor dicho, no estaba metido con la audiencia, hubo un momento en que me dio la impresión que era un ensayo entre tres cuates, ni un saludo, ni una inclinación de cabeza, nada. Tocaron para sí mismos.
Por lo mismo, la frialdad de MMW fue total, en cuanto fueron presentados caminó cada uno a su lugar y a lo que te truje; lo cual siempre me ha parecido una chingadera, carajo, hay cientos de cabrones frente a ti que han pagado por escucharte, lo menos que se espera es un “gracias por venir”. De acuerdo, mientras hagan su chamba, todo bien, pero si hay algo que no soporto es ser ignorado.
Por si fuera poco, Cabezas de Cera dio un toquín maravilloso, Nocturno Incandescente siempre es un madrazo, pero en esta ocasión (y a pesar de lo culero de su sonido) la ejecución fue brillante. Supongo que el contraste también contribuyó al ligero bajón que sentí saliendo del centro de la ciudad.
En realidad me parece que exagero un poco, fue un muy buen concierto, donde cada uno de los músicos se aventó varias improvisaciones para dejar sin aliento al mas templado. Por no hablar de que había un aire de camaradería difícil de describir en el aire, pareciera ser que MMW convocó a un sector bastante definido de la población chilanga, durante la noche vi. por lo menos cinco encuentros casuales en los cuales parecía mucho el tiempo que no se saludaban, yo mismo vi a algunos compañeros de la facultad que tenia medio perdidos. Por no hablar de la anécdota de la noche en la que Armando Vega-Gil con todo el desparpajo del mundo me dijo “que chida tu playera” (de Botellita de Jerez)
¿Que tal estuvo Sonic Youth?