Tous pour un, un pour tous.
Mi vida esta enmarcada en letras.
Cuando estaba yo en el útero, mis padres me leían en voz alta lo que fuera que se encontraban a la mano, periódicos, recetas y hasta las etiquetas de los frascos de mermelada.
De bebé antes que comprarme sonajas o peluches me compraban libros de plástico o de cartón, con los que me acompañaban a la tina o me servían de mordedera. Si bien estos libros-juguetes no decían nada me acostumbraron a pasar las hojas, a sentir las portadas, a cachondear los libros.
Por eso no hice la menor gracia cuando a los tres años ya sabia leer bastante bien, por cierto que esto causó que le diera el susto de su vida a mi abuela patera cuando le deletreé la primera plana del Excelsior (Este niño está enfermo – le dijo a mi madre – está enfermo o trai el diablo adentro)
Sin embargo, todo lo anterior no me representa nada, son apenas recuerdos vagos, porque leer, lo que se dice leer, lo aprendí cuando tenia unos ocho años.
(sigue leyendo...el post continua acá)
Cuando estaba yo en el útero, mis padres me leían en voz alta lo que fuera que se encontraban a la mano, periódicos, recetas y hasta las etiquetas de los frascos de mermelada.
De bebé antes que comprarme sonajas o peluches me compraban libros de plástico o de cartón, con los que me acompañaban a la tina o me servían de mordedera. Si bien estos libros-juguetes no decían nada me acostumbraron a pasar las hojas, a sentir las portadas, a cachondear los libros.
Por eso no hice la menor gracia cuando a los tres años ya sabia leer bastante bien, por cierto que esto causó que le diera el susto de su vida a mi abuela patera cuando le deletreé la primera plana del Excelsior (Este niño está enfermo – le dijo a mi madre – está enfermo o trai el diablo adentro)
Sin embargo, todo lo anterior no me representa nada, son apenas recuerdos vagos, porque leer, lo que se dice leer, lo aprendí cuando tenia unos ocho años.
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Este post tuyo me recordó al hijo de una amiga, que al cumplir los 3 años y medio aún no habia dicho muchas palabras (nomás decía: sí, no, ma, pa, agua...y así)...y mi amiga estaba muy preocupada a punto de llevarlo a un psicologo para ver qué diablos le pasaba a su hijo porque no era normal que a esa edad no hablara mas que con puras palabras sueltas.
Tengo que decir, que mi amiga TODOS los días le daba de desayunar a su hijo huevo (cocido, frito, revuelto). Y un buen día, su hijo le dijo con casi perfecta dicción: "ya no quiero huevo de desayuno mamá...nunca". Y sí, mi amiga se llevó el susto de su vida, pero también se alvianó porque su hijo no es pendejo, nomás es un poco cabrón.
Saludos!
Posted by
Anna M |
1:43 p.m.
Soy una niña mala, tarde mucho en regresar.
Posted by
BerenOiSe |
7:22 p.m.
Tenías toda la razón... me encantó. Qué maravilla la visión de tus padres. Me hiciste recordar un libro que se llama "Si una mañana de Verano un Niño" y es una carta de un padre a su hijo para acercarlo al placer de la lectura. Te dejo besos.
Posted by
Catastrofismos...y no tanto |
9:22 p.m.
Me gusta tu blog. hace un rato que lo veo y es la primera ocación en la que me animo a escribir-me inspiro la foto de tu amigo el gato- espero que pongas fotos más chidas y describas sucesos loquisimos.
Posted by
Rodrigo |
12:39 a.m.