I
Ahí vas otra vez. Le dije a Billy Bob cuando sentí como su enorme
cuerpo se erguía junto a mí. Escuché sus pesados pies caminar junto a mí. Sentí
como su manota en mi hombro me dijo “Capté como usaste un tono que me dejó
claro que estabas fingiendo que podrías hacer algo como para detenerme. Gracias“
Yo no separo la vista de la espuma de mi cerveza.
Está pedísimo. Y sé que está pedísimo porque lo veo subirse
torpemente al escenario, cosa que jamás ocurre a menos que haya bebido por lo
menos seis o siete tequilas. El resto del mundo sabe que está pedo porque se
acerca al micrófono cargando un bajo, en lugar de una guitarra o un ukulele o
con cualquier cosa excepto un puto bajo.
Hola, niños y niñas, dice
Billy Bob con su voz irrealmente aguda. Soy su amigo Billy Bob Brokali y les
voy a cantar una canción.
Para este momento el único
ser viviente en este mundo que no sabe que Billy Bob está pedísimo es él mismo.
De esas pedas en las que el nivel de alcohol trasciende el entendimiento y no
estás consiente ni de tu propia ebriedad.
Esta canción se llama “I
cant decide” de Sissor Sister.
Me niego a darle el gusto
de voltearlo a ver y lanzarle una mirada de “No, por favor, hoy no alienes a la
banda, hijo de tu puta madre”
It’s
not easy having yourself a good time / Greasing up those bets and betters/Watching
out they don’t four-letter/ Fuck and kiss you both at the same time /Smells-like
something I’ve forgotten/Curled up died and now it’s rotten/I’m not a gangster
tonight/Don’t want to be a bad guy/I’m just a loner baby/And now you’re gotten
in my way.
La música de esta rola es muy alegre pero la letra es de un nivel
de psicopatía que encuentro difícil de tolerar. Sobretodo porque es muy fácil dejarte
llevar por el ritmo y empezar a mover la cabeza o los pies al compas hasta que
te das cuenta de las cosas horribles que estás escuchando. La version de Billy
Bob era aún más espantosa. Por alguna razón la estaba tocando más lento de lo
que debía y cantando un tono más arriba y, de nuevo CON UN BAJO. Movía la
cabeza torpemente, como si tuviera roto el cuello. Los borrachos sesentones que
componían a la mayoría de la concurrencia empezaron a abuchear antes de que
llegara a la segunda estrofa:
I
can’t decide/Whether you should live or die/Oh, you’ll probably go to heaven/Please
don’t hang your head and cry/No wonder why/My heart feels dead inside/It’s cold
and hard and petrified/Lock the doors and close the blinds/We’re going for a
ride.
Los borrachos aumentan el tono del abucheo, el alguien desconecta
el amplificador (Irónicamente antes de que Billy Bob alcance a decir Its a
bitch convincing people to like you) y por un segundo la voz de Billy Bob empequeñece, su bajo se
queda mudo. Al siguiente segundo la voz de Armando Manzanero inunda el lugar
desde un disco que alguien del bar puso. Los borrachos vuelven a sus bebidas y
a sus pláticas nocturnas.
Billy Bob segue
tocando. Sin
darse cuenta de que ya nadie lo escucha.
Por un momento contemplo la posibilidad de no voltear. De mantener
mi mirada en las burbujas de mi tarro. Sé que si volteo veré que el idiota
sigue tocando y luego me daré cuenta de que tiene los ojos vidriosos con mucha
más nostalgia que peda y
luego volveré a aplaudirle nomás yo porque, carajo, no puedo dejar de
aplaudirle a ese cabrón y luego el tendrá otro pretexto para hacer esta misma
chingadera pasado mañana cuando me vuelva a decir “acompáñame al bar, manito”.
Entonces
es cuando separo la mirada del tarro.
II
Abro
los ojos a un mundo que me recibe con una alarma ruidosa y a una inesperada
cruda. No puede ser, no fueron más que dos le digo al teléfono mientras le pido
diez minutos de piedad.
Algo
se rompe con fuerza en la cocina.
Me
levanto en chinga, abro la puerta de mi cuarto y una taza de café romperse en
pedazos a dos centímetros de mi pie.
Yo
sé que tú piensas que soy un fracasado, marica de mierda. Pero no lo soy.
Los
ojos de Billy Bob están completamente desviados. Es imposible saber si me habla
a mí o al hombre invisible que está junto a mí.
Hay
tazas de plástico con mi cara. Y llaveros. Y loncheras. ¿Sabes que impacto
cultural tenías que causar para estar en una lonchera? Puedes comprar un Óscar
pero nunca podrás comprar que pongan tu cara en una lonchera.
Sus
ojos se mueven, viendo ahora hacia arriba y hacia mi izquierda
Toda
tu generación tragó en mi casa, pendejo. ¿Oyes lo que digo? Toda tu generación
y nunca jamás volverán a ser tan felices como lo fueron ahí, hijos de puta. Ciegos
de mierda. Showbiz Pizza para los tuyos no es solo un lugar, es un momento. Soy
un referente cultural y temporal para ti. Estúpido. Es gracias a mí que sabes
quienes son de tu edad y vecindad. Sin mi estarías perdido, imbécil.
El
Imbécil sale de su boca con dificultad, la parrafada lo dejó sin aire. Recarga
torpemente sus manos en la pared. Billy Bob empieza a caminar lentamente hacia
su cuarto, tropezando con las paredes. Leva dos tazas en cada mano pero parece
haber olvidado que las quería romper.
Billy
Bob entra a su cuarto, deja caer las tazas con desgano (ninguna se rompe) y
luego se deja caer a si mismo sobre su cama.
Y todavía tengo que salir a trabajar.